Historia

La Corporación de Ayuda al Limitado Visual (COALIVI), es actualmente el único Centro de Educación y Rehabilitación integral gratuita para personas con discapacidad visual del centro sur de Chile.

Desde su creación en 1979 y por sus instalaciones, se han educado y rehabilitado más de 1.600 personas ciegas o con baja visión. Una cantidad muy por sobre lo que alguna vez imaginaron Ingelore Bernhardt, Patricio Parada y José Fuica, gestores y padres fundadores de COALIVI.

UN SUEÑO, UNA IDEA, UNA REALIDAD 

Patricio Parada Ceballos, es el actual Director del Centro de Educación y Rehabilitación Integral de COALIVI. Seguro de sí mismo y dueño de una memoria envidiable, recuerda que fue su propia limitación visual la que a los 24 años lo llevó a materializar la idea de una escuela para niños ciegos en la ciudad de Concepción.

Con nostalgia, recuerda que fue a los nueve años de edad y cuando ya había perdido la vista por completo, que a través de Radio Minería escuchó un reportaje de la hoy inexistente Escuela de Ciegos del Estado, única escuela para niños ciegos del país. “Entonces entendí, siendo yo apenas un niño, de un lugar de campo, Tiuquilemu, Provincia de Ñuble, hijo de profesora, que la única forma de estudiar mi enseñanza básica era que tenía que viajar y quedarme en Santiago”.

Y así lo hizo. Entusiasmado por el reportaje, Patricio se trasladó hasta la Escuela de Ciegos del Estado en Santiago donde cursó hasta octavo básico para luego terminar la enseñanza media en liceos tradicionales de la comuna de La Reina y Concepción.

Años más tarde, y siendo alumno de la carrera de Pedagogía en Español en la Universidad de Concepción, la meta de Patricio “era acercar a personas ciegas a una escuela, porque los que no podían viajar a Santiago, se quedaban sin estudiar, pues las escuelas comunes, salvo una que otra, no recibían a personas con discapacidad visual, pues los profesores no estaban preparados”.

Y así, con su juventud a cuestas y solo con las ganas, Patricio se presentó ante el entonces Director de la Carrera de Educación Diferencial de su Universidad, José Fuica Fuica. “A él le pedí que me apoyara con la idea de crear la escuela de ciegos de Concepción y lo hizo. Y empezamos un proyecto que se llamó Proyecto de Atención a Niños Ciegos, que pretendía averiguar si las escuelas de Concepción tenían entre sus alumnos a niños ciegos que pudieran derivarnos y así saber cuántos niños podían beneficiarse con este proyecto”.

Un catastro que para el mes de agosto de 1979 ya contaba siete niños y jóvenes. “Empezamos en septiembre, en los bajos de la radio de la Universidad de Concepción, que fue una sala que me prestaron. Era gente de nueve, trece y catorce años”.

EL ESLABON QUE FALTABA…

Era el mes de noviembre cuando “vino a conversar conmigo Ingelore, una mujer joven, que había sido profesora del Colegio Alemán y que había jubilado por discapacidad visual. Venía llegando de un viaje de Alemania, donde había visitado una escuela para ciegos y tenía la idea de crear una acá. Conversamos e hicimos un dúo bastante productivo”.

Con tan sólo 37 años, Ingelore debió asumir una jubilación prematura, una separación matrimonial y un diagnóstico lapidario que le anunciaba su nueva condición, la ceguera. Era joven y tenía una profesión, por lo que no sólo decidió hacerle frente a su nueva forma de vida, sino que además ayudar a otros. “Yo me había tenido que pensionar muy joven por mi enfermedad, fue difícil. Me había separado recién y una amiga me dijo, por qué no te dedicas a enseñar a personas ciegas?. Y como tuve la suerte de ir a Alemania y visitar una escuela de ciegos, volví con esa idea…

Y así, sin mayor autocompasión y sin considerar siquiera su propia rehabilitación, volvió decidida a enseñar. “Si bien yo era una mujer educada, profesora de matemáticas, cuando yo me quede ciega no sabía lo que era el braille y tampoco lo que era la rehabilitación, mucho después aprendí”.

A fines del año 1979 se completó lo que sería la triada perfecta, Ingelore, Patricio y José, iniciaron la búsqueda de una profesora especialista, que trabajara en la escuela y el apoyo económico que la sustentara. “Entonces recorrimos el comercio de Concepción para conseguir el apoyo económico para costearle el sueldo a la primera profesora que tuvimos y que era de 13 mil pesos”, recuerda con detalle Patricio Parada.

Ya el año 1980, la perseverancia de Ingelore logró que a través de Ernesto Miranda, el entonces presidente del Club de Leones Andalién, COALIVI pudiera funcionar en el edificio recientemente construido para el Club, entre los años 80 y 81 atendiendo de siete a quince jóvenes.

Posteriormente la idea fue formalizar, que tuviera una existencia legal. Desde el año 80 empezamos a trabajar de forma oficial, con una persona contratada y por lo menos con ocho voluntarios, señala orgullosa Ingelore. Y así, una idea, se transformó en un sueño y desde 1980 en una realidad, y tal como si fueran padres esperando el nacimiento de un hijo, Ingelore, Patricio y José vieron nacer COALIVI

Posteriormente, el 07 de junio de 1980 se produce en dependencias del Colegio Alemán la Asamblea Constitutiva de COALIVI. Una vez redactados los planes y programas se obtuvo la subvención por alumno atendido. Obteniendo con ello el reconocimiento como entidad colaboradora educativa del Estado.

Más tarde y gracias a los contactos de Ingelore en Alemania, desde 1981 la corporación comenzó a recibir ayuda de la Christoffel Blindenmission (CBM), la que consistía en cursos de perfeccionamiento. “Vino un matrimonio de la CBM que nos capacitó y entregó material didáctico y dinero que nos permitió contratar a otra profesora”.

Además, ese mismo año “conseguimos en remate público el actual edificio, que era del Seguro Social, gracias al total financiamiento otorgado por CBM”, recuerda Patricio. “Llegamos a atender no sólo a alumnos de otras comunas sino que también de otras regiones, fue la época de oro de COALIVI”. Se emociona al recordar Ingelore Bernhardt.

Siendo el año 1982, y ante la demanda de alumnos provenientes de sectores lejanos de Concepción, se implementó un internado donde se atendía a alumnos de Lebu, Laja y otras comunas, ampliando así la cobertura. Y además, se crearon programas de extensión en las ciudades de Chillan, Los Ángeles, Temuco y Puerto Montt, con el fin evitar el desarraigo de los niños y jóvenes con discapacidad visual y que se pudieran atender en sus propias ciudades de origen, “programa que consistía en entregar asesoría técnica, capacitación de profesionales y entrega de materiales específico. Hoy en día, existen 28 comunas con convenios vigentes con COALIVI” enfatiza el Director de la Escuela.

Ya en 1994, COALIVI implementa el primer programa de Baja Visión de nuestro país, el que consistía en dar ayuda óptica específica a personas con un remanente visual aprovechable. A través de un equipo multidisciplinario, integrado por un oftalmólogo, un óptico y una terapeuta rehabilitadora en baja visión, se buscaba mejorar la funcionalidad de cada paciente, servicio que actualmente permanece vigente en todo Chile.

En la segunda mitad de la década del 90 la CBM decide retirar sus aportes financieros económicos a COALIVI, proponiendo la creación de un proyecto que colaborara con el financiamiento futuro de la Corporación, hecho que da origen a la creación del Centro Médico, el cual está abierto a toda la comunidad regional.

36 años después, con un Centro de Educación y Rehabilitación, un Centro Médico y una Óptica,  COALIVI es hoy una entidad única en la Región del Bío Bío, que convierte a niños, jóvenes y adultos en situación de discapacidad visual en personas útiles, activas y plenos sujetos de deberes y derechos.